Murió Roberto Gallegos, el arqueólogo que abrió las tumbas de Zaachila - Oaxaca Profundo

jueves, 29 de enero de 2026

Murió Roberto Gallegos, el arqueólogo que abrió las tumbas de Zaachila

La arqueología mexicana perdió a una de sus figuras clave. Esta semana falleció Roberto Gallegos Ruiz, investigador cuya obra marcó un antes y un después en el conocimiento de las culturas del sur de México, especialmente por el descubrimiento de las Tumbas I y II de Zaachila, en Oaxaca, realizado en 1962.


La noticia provocó mensajes de despedida entre colegas, exalumnos e instituciones culturales, que coincidieron en señalar su rigor, su vocación docente y la trascendencia de un hallazgo que permitió entender con mayor claridad la relación entre los mundos mixteco y zapoteca.



Fue en Zaachila donde Gallegos dejó la huella más profunda de su carrera. Ahí localizó las tumbas de los señores 9 Flor y 7 Flor, acompañados de una ofrenda excepcional: joyas de oro, piedras preciosas y una pieza que se volvería emblemática, la Copa del Colibrí, una vasija tipo códice de origen mixteco considerada hoy una de las obras maestras de la cerámica policroma prehispánica. Para el propio arqueólogo, ese descubrimiento fue siempre “el trabajo más importante” de su vida.


Nacido en 1932 en Los Reyes Quiahuixtlán, Tlaxcala, Gallegos encontró su vocación desde niño, impulsado por un abuelo apasionado por el pasado prehispánico. Estudió arqueología en la ENAH a partir de 1955 y fue alumno de Román Piña Chan, una de las figuras centrales de la disciplina en el siglo XX.


A lo largo de su trayectoria participó en investigaciones en La Venta, San Lorenzo Tenochtitlán, Palenque, Teopanzolco, Tula, Tizatlán y Mixcoac, y formó parte del equipo que dio forma a las colecciones arqueológicas del Museo Nacional de Antropología durante la década de 1960. Sin embargo, fue Zaachila el sitio que lo colocó definitivamente en la historia de la arqueología mexicana.


En redes sociales y comunicados públicos, colegas y centros de investigación destacaron no solo sus aportaciones académicas, sino su papel como formador de generaciones. Gallegos fue profesor fundador de la Universidad Autónoma Metropolitana y dio clases durante décadas en la UNAM, tanto en la Facultad de Filosofía y Letras como en el Centro de Enseñanza para Extranjeros, donde siguió activo hasta años recientes.


Incluso en la última etapa de su vida continuó involucrado en proyectos de investigación. Uno de ellos fue el estudio de Mixcoac, sitio que consideraba un santuario dedicado a Mixcóatl y cuya preservación defendió como una deuda pendiente con el patrimonio prehispánico de la Ciudad de México.



Reconocido en distintos momentos de su carrera —en Monte Albán, en el Estado de México y en aniversarios del INAH—, Roberto Gallegos deja un legado que va más allá de los homenajes: una tumba abierta en Zaachila que cambió la forma de mirar el pasado oaxaqueño y una larga lista de estudiantes que aprendieron de él a excavar con método, paciencia y respeto.


Su muerte cierra una etapa, pero su trabajo sigue hablando desde la piedra, la cerámica y la memoria profunda del sur de México.

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