La maroma —esa mezcla de acrobacia, humor, música y rito que durante décadas animó fiestas y panteones en la Mixteca oaxaqueña— vuelve a respirar sobre el escenario. Maroma es el nombre del espectáculo creado por Idiotas Teatro y Pasatono Orquesta, una puesta que transforma una tradición en riesgo de desaparecer en una experiencia escénica donde el cuerpo, la música y la memoria dialogan con el presente.
El montaje, que se presentará el sábado 7 y domingo 8 de febrero, con dos funciones diarias a las 17 y 19 horas, llega al Pabellón Escénico del Jardín Escénico, a un costado del Auditorio Nacional, con entrada libre. Lo que propone no es una recreación literal, sino una reinterpretación contemporánea que evoca los antiguos panteones de pueblo y las fiestas donde la maroma cobraba vida.
En el centro de la obra está la figura de Manuel Montes, legendario payaso maromero cuya presencia marcó generaciones en la región mixteca. Improvisador de versos, cantor, acróbata y poeta popular, Montes encarnó al personaje principal de la maroma: el que sostiene el espectáculo con palabras repentinas, humor y destreza física. Su historia —incluida una caída del trapecio que transformó en acto cómico— se volvió leyenda y hoy inspira la dramaturgia del montaje.
Esa dramaturgia, escrita por Fernando Reyes Reyes, entrelaza lo real y lo fantástico a través de recursos como el teatro de sombras, el teatro físico y de objetos, la acrobacia de piso y las versadas populares. Para Cristian David, codirector de Idiotas Teatro, la obra se construye desde una imagen poderosa: la serpiente, símbolo de terror, seducción y muerte, que remite tanto a las cuerdas de la maroma tradicional como a la idea de renovación.
Durante 70 minutos, actores, músicos y acróbatas conducen al público por un viaje entre la vida y la muerte, concebido a partir de una investigación profunda en comunidades mixtecas y en archivos de la tradición oral. La obra no solo cuenta una historia: convoca recuerdos, escenas fragmentadas, cuerpos que reaparecen como fantasmas festivos.
La música en vivo es el pulso del espectáculo. Pasatono Orquesta, con más de 27 años de trayectoria, acompaña la escena con un ensamble de diez músicos que combinan violines, jarana, clarinete, metales, contrabajo, batería y guitarra. El resultado es una atmósfera sonora que cruza repertorios tradicionales —chilena, danzón, marcha— con un lenguaje contemporáneo influido por el jazz y la música popular.
En escena, Diego Santana, Cristian David y Fernando Reyes Reyes interpretan a Bombardino, Saturnito y Cascarita, personajes que transitan entre el clown, la pantomima y la acrobacia, siempre en diálogo con la música. El universo visual se completa con las máscaras y el vestuario intervenidos por el pintor oaxaqueño Sergio Hernández, la iluminación de Edgar Mora, el diseño gráfico de Alejandro Magallanes y el vestuario de Azucena Galicia.
Más que un espectáculo, Maroma es un homenaje. A una tradición que marcaba el calendario festivo desde antes de Navidad hasta la Cuaresma. A una forma de entender la fiesta, el duelo y lo sagrado. Y a sus protagonistas, cuyos cuerpos y voces siguen presentes en la memoria colectiva.
“Lo que están por presenciar es un recuerdo”, advierte la obra. Un recuerdo que se mueve, canta, cae y vuelve a levantarse. Como la maroma misma.

